¿Cómo y cuando enseñar a tus hijos a compartir?

por Rakel Cadavid

A menudo recibimos mensajes de diversas partes que nos recuerdan la importancia de compartir. Pero ¿por qué es tan importante compartir? ¿Qué es lo que ganamos de vuelta con esto? 

Además, a los niños por lo general se les dificulta hacerlo, sobre todo si son hijos únicos y no tienen la empeñosa obligación de compartir con hermanitos lo más básico que un niño posee: La atención de sus padres. 

Me pareció interesante este tema, porque creo firmemente que muchos de los comportamientos que asumimos como adultos parten y nacen en la niñez, y si bien, el mundo esta teniendo una transformación que apunta a que cada vez estemos más ocupados y atentos a nuestro crecimiento personal y participativos en el cambio global, aún es común encontrar personas que no están dispuestas a compartir su tiempo o su dinero, con aquellos que mas lo necesitan.

Y no sólo estoy hablando de compartir con personas que tengan una necesidad física, ‘personas de bajos recursos’ o que no han sido los mas afortunados. Me refiero a cualquier persona que pudiera requerir nuestra ayuda, nuestro tiempo para que los escuchemos o los acompañemos en determinado momento. 

Como adultos, tenemos la tendencia a compartir lo que nos sobra, dono mi dinero si estoy seguro primero de pagar mis gastos personales, dono mi tiempo, si estoy seguro primero de cumplir con mis obligaciones laborales o familiares. Y es aquí, donde como adultos debemos reflexionar, sí la mejor manera de enseñarle a nuestros hijos es a través del ejemplo, ¿Cómo van a ver ellos actos que ‘nada nos cuestan’ como un verdadero esfuerzo? 

Compartir en el mejor sentido de la palabra, requiere un esfuerzo, salir de nuestra zona de confort y eso, lo tienen muy claro los niños, por eso a ellos se les dificulta aún más.

¿Qué pasa si le pides a tu hijo que comparta su juguete favorito?

o ¿si le pides que le de a alguien la mitad del dinero que le regalo el domingo el abuelo?

o simplemente ¿si le dices que te de, la mejor parte de su helado? 

El instinto del ser humano es egoísta y en los primeros años de vida el sentido de propiedad, de ‘me pertenece’ esta recién desarrollándose, la comprensión del tiempo y el lenguaje es limitada, y este debe ser nuestro primer punto de partida. Al fin y al cabo, compartir no es una habilidad natural, es una habilidad aprendida.

Según expertos, solo hasta los 3 años un niño puede empezar a concebir la idea de generosidad, y es solo hasta esta edad que podemos enfocarnos en enseñar de otras maneras y no solo con el ejemplo. 

A continuación, les relaciono una serie de sugerencias realizadas por distintos expertos y que recopilo en este artículo, que sin duda nos darán una guía practica para alcanzar nuestro objetivo.

1. Dar ejemplo:

Ser generosos entre nosotros y verbalizarlo: ’Un caramelo para mamá, otro para papá y otro para ti’. Luego él repetirá esta escena con otros niños. Si quieres que tu hijo pequeño aprenda a compartir es importante que cuente con buenos ejemplos, modelos en los que fijarse. Puede ser compartiendo algo de comer o dejando que coloree y decore alguna cosa que estés haciendo, por ejemplo, una tarjeta para un cumpleaños.

2. Jugar con otros niños:

A algunos niños les cuesta entender que compartir es divertido, por esto es importante ser paciente. A medida que el niño desarrolle habilidades sociales y haga verdaderos amigos es más probable que abrace la idea de que compartir es divertido. Al interactuar con los demás, el pequeño aprenderá que a veces hay que ceder, y así se dará cuenta que compartir no es tan malo.

3. Expresar lo que siente:

Los sentimientos del niño a veces necesitan nuestra traducción: ‘Sé que estás enfadada porque Eva cogió tu lápiz morado, a las dos les encanta ese color, pero puedes pintar con el resto; cuando ella acabe, te lo dejará’.

4. No criticarle:

Recriminarle con calificativos negativos (‘Eres un egoísta’, ‘Sólo piensas en ti’, ‘Eres un niño muy malo’) sólo conduce a que la etiqueta y la conducta le acompañen tristemente durante años.

5. Distinguir:

Dejar claro qué cosas son de todos: el columpio, el sofá, la comida, por ejemplo, y qué cosas tienen dueño: las suyas son suyas.

6. Respetar sus cosas:

Las cosas de los niños son su mundo. Si les obligas, solo conseguirás reforzar negativamente su obsesión por mantener a salvo sus cosas. Hay ciertas pertenencias que no querrá prestar o regalar y está en su derecho. En ocasiones, nosotros hacemos lo mismo. El niño debe aprender que compartir no significa perder sus cosas ni renunciar a ellas, y que compartiendo con otros niños se disfruta mucho más del juego.

A través de aplicar con constancia estos consejos, podrás educar a tu hijo ejercitando el músculo del compartir, no sólo para que haga algo que al parecer es correcto, sino porque estarás entregando una de las herramientas mas importantes para que siempre, pueda construir su propia felicidad.

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