Niños que Meditan

Una nueva tendencia en la educación mundial

por Rakel Cadavid

Recientemente encontré publicada en las redes una noticia sobre un millón de niños que se reunieron en Tailandia a meditar por la paz.

Al indagar sobre el tema descubrí que es un proyecto llamado V-Star, Change the World, que se lleva a cabo en este país una vez al año y en el que reúnen a los estudiantes de 5 escuelas en un templo budista para meditar por la paz mundial. 

La meditación en los niños es una actividad muy común en el budismo y aún muy poco practicada en los países occidentales. Y no hablo solo de reunirse a meditar por la paz, sino también la forma en que la meditación puede ser parte del día a día en la educación, ayudando a mejorar los niveles de concentración, incrementar la creatividad y crear ambientes escolares en donde todo fluye con mayor naturalidad, facilitando la labor del educador.

Hace un par de meses en una de las escuelas de Música para la Paz, antes de comenzar una clase de escritura creativa para la composición musical, hicimos el ejercicio de meditación con 40 niños de diferentes edades. Particularmente en el pasado, había tenido ciertas limitaciones con este mismo grupo de estudiantes que pertenecen a una comunidad indígena. Las diferencias en el idioma y la timidez para expresar sus ideas hacían mas lento el proceso creativo. 

Luego de la meditación, las ideas empezaron a fluir mas rápido, con mas claridad y un grado de conexión entre ellos que nunca había logrado con otras técnicas. Es por esto por lo que decidí crear este artículo que considero, puede ser de gran utilidad para comenzar la practica de la meditación no solo en las aulas escolares, sino también en el hogar, una actividad que ayuda a unir a la familia.

En el hogar:

Empezar por uno mismo: La mejor herramienta en la educación es el ejemplo. No podemos pedirles a los niños que mediten si nosotros como padres no lo hacemos. En casa, asegúrate de comenzar primero tú con la meditación, cuando tu hijo te vea haciéndolo va a sentir curiosidad y se va a unir. Déjalo que suceda como algo natural, no le impongas, no le digas que tiene que hacer. Deja que el mismo lo descubra al imitar tu posición y respiración. 

Fluir y aceptar el resultado: Meditar ayuda a vivir en el presente y aceptarlo tal como ocurra. Si cuando estas meditando tu hijo se acerca, perfecto. Si al cabo de unos minutos se va, esta bien. El tiempo de los niños en relación con el nuestro, se concibe de manera muy distinta, lo que para nosotros son solo 5 minutos, para ellos puede ser una eternidad y si queremos fomentar la practica, deben verlo como algo divertido y que pueden hacer según su voluntad.

Organizar algún tipo de ritual: Tener el rincón de la meditación, encender una vela o incienso. Algún ritual que nos muestre el inicio y el fin del tiempo que dedicaremos a la meditación.

No interpretar ni juzgar: La práctica de la meditación no implica terapia, y menos si es en familia y sin un profesional. Cualquier comentario, cualquier conducta, la observamos y la acogemos. Es el presente, tal cual. Ni más, ni menos.

En el salón de clases:

No vigilar: Y esto también aplica para el hogar. Cuando se comparte la práctica de la meditación, el educador debe practicarla también. No es un vigilante. No consiste en ver si el niño tiene o no los ojos cerrados, si esta quieto o en movimiento, tampoco en decirle que se calle. Meditar es observar y aceptar lo que ocurre. Dentro y fuera de uno mismo. Sea lo que sea. Al meditar en forma grupal todos están al mismo nivel y cada uno lo practica a su modo.

Compartir el resultado: Después de la práctica, se puede comentar lo que ha pasado y lo que cada uno ha sentido. Esto siempre ayudará a que cada uno amplíe la perspectiva sobre su propia meditación, deje volar su imaginación y sienta mas empatía con sus compañeros. Muy importante, no hacer comparaciones, hay que explicar que es normal que a veces podamos relajarnos y otras veces no. Crear una condición o un estado especifico para determinar si se hizo ‘bien o no’ la meditación, lo único que hará será limitarla y crear frustración.

¿Qué edades son las más recomendables para comenzar a meditar en casa?

Menores de 3 años: Si en la casa los padres meditan, la actividad puede ser propuesta incluso para niños menores de 3 años. En este caso, debes permitir que ocurra de una forma natural, que se acerquen por su propia curiosidad. En este caso, simplemente podemos tomarlos en brazos y continuar meditando con el niño en nuestro regazo, en silencio, hasta que el quiera estar con nosotros.

Mayores de 3 años: Cuando son mayores de 3 años, puede comenzar a ser propuesta como una actividad opcional para realizar en familia. Es importante buscar actividades que mediante el juego lleven a la meditación. Hay distintas herramientas que pueden ayudar a los padres como el cuenco tibetano, los cuencos de cuarzo, piedritas o canciones.

Mayores de 8 años: En esta edad los niños ya pueden comprender mejor algunas actitudes de la meditación, se puede proponer la practica en silencio o con algún audio de meditación guiado.

Preadolescentes y Adolescentes: A partir de los 12 años, puede volverse un poco mas complejo. Si es algo que han practicado desde que están pequeños, posiblemente ya haga parte de su sistema, por lo que les será mas fácil darle solo continuidad. Pero, si se da el caso de padres que comienzan a meditar cuando sus hijos tienen estas edades, se volverá mas difícil que los chicos quieran sumarse. Es posible que sea para ellos mas fácil hacerlo en la escuela o en otro ambiente, porque la naturaleza de los adolescentes es llevar la contraria a sus padres. En este caso, hay que respetar su decisión y tener mucha paciencia.

En conclusión, la meditación ayudará a mejorar la capacidad de raciocinio de los niños, evitará peleas y discusiones en el futuro, además de brindar un espacio divertido y original para compartir en familia o en las aulas de estudio.

Dediquemos un espacio a la meditación, no solo como practica individual sino también como una herramienta que podemos usar para enviar y compartir nuestra energía con el mundo. La paz puede ser creada desde cada uno de nosotros, tal vez mañana no solo sean un millón de niños meditando en Tailandia, si no un grupo de millones de personas unidas con una misma intensión, la intensión adecuada.

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